Cuando el brief falla, la idea no llega a puerto.
El prompt tiene exactamente el mismo problema — sin contexto, la IA no sabe
desde dónde hablar. Sin intención, produce forma sin dirección. Sin
restricciones, entrega lo más probable, no lo más correcto. Sin criterio de
éxito, cualquier resultado parece válido.
Llevamos décadas saltándonos ese paso. En agencias, en equipos, con clientes.
Ahora la IA amplifica esa omisión a escala industrial.
La IA no está exponiendo la falta de talento. Está exponiendo la falta de
pensamiento.